Cuando el verano empieza a manifestarse, muchos australianos no pueden resistir la tentación de escapar de las oficinas donde trabajan para disfrutar del aire libre y de las olas de las playas que han hecho famoso a este país. Para los vigilantes de Bondi Beach esta época del año es la más ajetreada.
Las multitudes, las olas de calor y los juerguistas con una o dos copas de más son el plato de cada día. Los grupos de adolescentes que se lanzan al mar sin precaución son demasiados para el reducido número de vigilantes. Y las tragedias tardan poco en aparecer. Estefanía, de 18 años, es rescatada del agua inconsciente y sin respiración tras un golpe en la cabeza contra un banco de arena. Un surfista inglés es arrollado por las olas, torciéndose el tobillo. Un par de jóvenes fingen ahogarse para ser rescatados. Y, en la orilla, un hombre deambula por la arena bebiendo, fumando y acosando a los playeros. Además de los vigilantes, la policía también juega un papel fundamental a la hora de salvaguardar la seguridad de la playa. Y al igual que en los partidos de fútbol, tanto unos como otros pueden sacar tarjeta roja para impedir la entrada a la playa de las personas que no cumplan las normas. En la piel de algunos de los vigilantes como Whippet, Deano, Hoppo o Box vivimos las anécdotas y experiencias del día a día de una playa inmortal, alocada y resplandeciente como Bondi.
Sábado 7 a las 16.00h
Sábados a las 16.00h
N. de P.
