Dos son las cosas que jamás volvieron a ser lo mismo tras el estreno de Tiburón, el mayor éxito como productor del hombre de la foto, Richard D. Zanuck, a quien dedicamos en diciembre dos noches de nuestra programación.
Por un lado, los baños en el mar y la percepción de los pobres escualos, marcados ya para siempre por las notas musicales de John Williams. Por otro, la planificación comercial de los grandes lanzamientos de Hollywood, que experimentaron un antes y un después a partir del descomunal taquillazo de la película de Spielberg.
Hasta entonces, los estudios consideraban el periodo que va del Memorial Day (último lunes de mayo) al Labor Day (primer lunes de septiembre) una época poco propicia para sus intereses, y reservaban esos días para sus apuestas menos ambiciosas, muchas veces películas baratas destinadas a un público juvenil.
Todas estas teoría se vendrían abajo con el estreno de Tiburón el 20 de junio de 1975. Y la principal causa, entre otros factores, fue la decisión de lanzar la película al mismo tiempo en todo el territorio americano. Habitualmente, las películas se estrenaban primero en las principales ciudades y luego iban expandiéndose a capitales menos importantes. Tiburón, sin embargo, se estrenó en más de 400 salas al mismo tiempo, y eso se vio reflejado en una espectacular recaudación en su primer fin de semana: 13 millones de dólares.
Ahora bien, ¿qué fue lo que llevó al público a ocupar todas esas butacas, por primera vez disponibles al mismo tiempo? Principalmente, la televisión. En otra decisión sin precedentes, Universal gastó 1,8 millones de dólares en la compra de spots para la pequeña pantalla y la jugada le salió perfecta. Hasta entonces, invertir grandes cantidades en televisión no tenía mucho sentido a la hora de promocionar un lanzamiento, ya que, como hemos dicho, el filme sólo se estrenaba en algunas ciudades. Al ampliar la distribución de la película, aquellos que veían los spots tenían, por primera vez, la posibilidad de satisfacer su impulso de forma casi inmediata. Lo más probable es que en el cine más cercano pudieran encontrar esa película de la que todo el mundo hablaba.
Si a esto le sumamos, evidentemente, la calidad de la película (muy por encima de otros filmes comerciales del estilo) y todo el merchandising (también innovador) que se desarrolló en torno a ella, obtenemos una tormenta de taquilla tan perfecta como revolucionaria que pudo hacer olvidar a sus responsables el calvario de su complicado rodaje.
Tiburón, que también acabó con el mito de que el cine en verano sólo era para jóvenes, no fue únicamente un éxito en sus primeros días de proyección. El ritmo de la recaudación se mantuvo estable durante muchas semanas, lo que llevó al filme a convertirse en el primero en romper la barrera de los 100 millones de dólares.
Con todo el dinero que ganó, Steven Spielberg se compró una casa en la playa en Malibú. Sin embargo, como cuenta John Milius, nunca se atrevía a bañarse en el mar: ?decía que los tiburones le estaban esperando, descontentos por la injusticia que había cometido con ellos?.
Viernes 13 a las 23:30h
