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Relativamente exitoso y seguro de sí mismo, Sergio Morra (Riccardo Scamarcio) es un empresario mediocre que sueña con llevar más allá sus cuestionables negocios de provincia. Tras una revelación, la manera más rápida de conseguirlo es desplazarse a Roma y conseguir acercarse a Silvio Berlusconi (Toni Servillo), el hombre más poderoso de Italia. Justo cuando “Il Cavaliere” se encuentra en el momento más delicado de su carrera política, recién salido del gobierno y cada vez menos ajeno a las incontestables acusaciones de corrupción y relaciones con la mafia que llenan los titulares de la prensa. Para Sergio Morra sólo hay una manera de llamar la atención de Silvio: hacerse uno más en las fiestas, acercarse a su exótico séquito de ‘velinas’, caer sumiso a las extravagancias y el exceso.

Destaca la inconfundible estética de uno de los directores italianos más aclamados por la crítica en los últimos años (ganador de un Oscar por ‘La gran belleza’, ‘La juventud’, ‘El joven Papa’), quien utiliza los cánones de la comedia italiana costumbrista pasada por un filtro cargado de simbolismos. Nadie como Sorrentino para retratar la ristra de personajes histriónicos y ostentosos, los excesos, las fiestas, los tratos cerrados en yates y restaurantes entre cocaína y prostitución…

Toni Servillo, actor fetiche de Sorrentino y del cine italiano, se pone en la piel de Berlusconi. Ganador del premio David Di Donatello por ‘La gran belleza’ y protagonista de ‘Viva la libertad o Il Divo’.

Sobre el personaje, Silvio Berlusconi, la miniserie supone un retrato de la época de declive del político en el año 2000, Encontramos dos caras: por un lado, atrevido, genio, político, estratega; por otro, vividor, cínico, machista, egoísta, superficial y excéntrico.
Desde miércoles 7

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